Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

pablo

Pablo Neruda, de nacimiento Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, 12 de julio de 1904 – Santiago, 23 de septiembre de 1973), fue un poeta chileno, considerado entre los mejores y más influyentes artistas de su siglo; «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma», según Gabriel García Márquez. También fue un destacado activista político, senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. Entre sus múltiples reconocimientos destacan el Premio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford. «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él», ha escrito el crítico literario Harold Bloom,2 quien lo considera uno de los veintiséis autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos.

PN

El 21 de octubre de 1971 le es concedido el Premio Nobel de Literatura y viaja a Estocolmo a recibirlo el 10 de diciembre. En sus Memorias el poeta recuerda: “El anciano monarca nos daba la mano a cada uno; nos entregaba el diploma, la medalla y el cheque (…) Se dice (o se lo dijeron a Matilde para impresionarla) que el rey estuvo más tiempo conmigo que con los otros laureados, que me apretó la mano con evidente simpatía. Tal vez haya sido una reminiscencia de la antigua gentileza palaciega hacia los juglares”.

Publicado por Kyseven Kuroi

He viajado, caminado, recorrido y saboreado el mundo intensamente, y todavía continuo haciéndolo, pintando, fotografiando, componiendo, escribiendo y todavía continuo haciéndolo. Aprendo y desaprendo cosas, continuamente, evolucionando la gran virtud del ser. Si quieres contactar conmigo puedes hacerlo en kyseven7[arroba]gmail[punto]com If you want to contact me you can do so at kyseven7[at]gmail[dot]com. La vida está para vivirla, lo demás no es importante.

4 comentarios sobre “Pablo Neruda

  1. Y el soneto XXII: Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,

    sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,

    en regiones contrarias, en un mediodía quemante:

    eras sólo el aroma de los cereales que amo.

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